miércoles, 11 de enero de 2012

FOMENTAR EN EL MENOR EL RESPETO POR PLANTAS Y ANIMALES

Los niños no pueden resistirse a realizar acciones como deshojar una flor, jugar con la tierra, observar los pájaros, etc. Parece que la naturaleza reclame su atención, de hecho así es, en la naturaleza es donde más ocasiones de juego encuentran.

Los padres deben aprovechar ese reclamo natural para fomentar que los niños respeten y amen lo que les rodea, estas son sensaciones positivas que benefician al niño y que le ayudarán a tener una base responsable el día de mañana. La conciencia ecológica se adquiere con los años, pero su base está precisamente en el respeto hacia el entorno.

Todos hemos oído hablar del cambio climático, de la extinción de las especies, de la contaminación, etc. Educar a nuestros hijos proporcionándoles especialmente la comprensión de la belleza de todo lo que les rodea, ayuda a nuestro planeta y a ellos mismos para que el día de mañana puedan disfrutar plenamente de las bondades que les ofrece la Tierra.

A diferencia de los adultos, que generalmente utilizamos solamente la vista, los niños tienen una aproximación sensorial mayor, es decir, utilizan instintivamente el tacto, el gusto, el oído, la vista y el olfato para descubrir el entorno. Todos estos sentidos están dispuestos y tan solo hay que encaminar sus pasos para que el niño adquiera conciencia ecológica.

Un niño siente curiosidad por los insectos, observa como caminan sobre la palma de su mano, notan el cosquilleo que producen los insectos al caminar, observan los colores, las formas,etc. Inconscientemente el niño adquiere conciencia de la vida tan distinta que se encuentra en el entorno, por ello no es aconsejable prohibir a un niño según que cosas y más cuando no presentan peligro alguno para él. Por poner un ejemplo, si el niño tiene una mariquita sobre la palma de su mano, decirle: "¡no toques eso!" o "¡un bicho, qué asco!" no son actos que fomenten precisamente el respeto y el amor hacia la naturaleza.

Un niño necesita tocar, ya que es una manera de aprender y conocer el mundo que hay a su alrededor. Siempre que no presente peligro alguno, es conveniente permitirle descubrir a través del tacto y no nos debe preocupar el hecho de que se ensucie porque frenaría esa capacidad de aprendizaje.

Durante los primeros años, hay que animar a los niños y acompañarlos en su sed de descubrir y conocer, con la ayuda de juegos sencillos, de conocimientos básicos, de tareas sencillas y cotidianas cómo trasplantar una planta.

Debemos fomentar un estilo de vida adecuado desde el inicio y fomentar la conciencia ecológica. Esa será la forma de conseguir que el día de mañana predomine el respeto hacia nuestro planeta y por consiguiente una mayor preocupación por conservar y preservar lo que nos rodea a todos.


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